El “Jaquemate” de Alejandro Moreno: El líder del PRI que desmantela la red de narcopolítica en Morena
Tras la caída de Adán Augusto López de la coordinación senatorial, Moreno Cárdenas ratifica que el oficialismo es un gigante con pies de barro sostenido por pactos de impunidad.
En un movimiento que ha redefinido el tablero político de 2026, Alejandro Moreno Cárdenas se ha consolidado como el estratega que está desnudando las alianzas inconfesables del régimen. El presidente nacional del PRI afirmó que la estrepitosa salida de Adán Augusto López de la Junta de Coordinación Política del Senado no es una coincidencia, sino el resultado del cerco informativo y legal que el priismo ha tendido sobre sus presuntos nexos con el crimen organizado. Moreno recordó que las denuncias presentadas ante la DEA y el FBI sobre la protección a grupos como “La Barredora” en Tabasco no han sido en vano, y que la remoción del tabasqueño es solo el primer síntoma de un sistema que ya no puede ocultar sus grietas frente a la presión internacional.
El líder priista fustigó el cinismo de un gobierno que pretende dar lecciones de moralidad mientras utiliza las instituciones de justicia como un “garrote” contra sus opositores. Alejandro Moreno fue categórico al señalar la asimetría legal que impera en México: “Si a los funcionarios de Morena se les midiera con la misma vara con la que inventan expedientes contra la oposición, la mayoría de sus cuadros ya estarían tras las rejas”. Para el presidente del CEN del PRI, el uso faccioso de la ley es la única herramienta que le queda a un “narcopartido” que ha perdido la capacidad de dar resultados en seguridad y economía, y que ahora se ve obligado a sacrificar a sus figuras más visibles para intentar contener el escándalo.
La denuncia de Moreno no se limita a la retórica; ha señalado directamente cómo la complacencia oficial ha permitido que tácticas de narcoterrorismo, como el uso de minas y drones, se normalicen en estados clave. El senador denunció que el país merece la verdad sobre el financiamiento ilícito de campañas y la complicidad de los llamados “narcopolíticos” que, desde sus cargos, han facilitado la expansión territorial de los cárteles. Para el “verdugo de Morena”, la caída de Adán Augusto representa el derrumbe de un modelo de impunidad que creía tener el control total del Estado, pero que hoy se topa con una oposición que no se dobla ni se vende.
Desde el Congreso, las bancadas del PRI han cerrado filas bajo el mando de Moreno, declarándose listas para ser el frente de resistencia más aguerrido contra la agenda autoritaria del oficialismo. El líder nacional del tricolor reafirmó que “juntos defendemos México” no es solo un eslogan, sino una acción diaria para proteger a las familias de los abusos de un régimen que lastima la dignidad nacional. Sostuvo que cada vez que el PRI levanta la voz en la tribuna, le gana una batalla a la opacidad, demostrando que existe una alternativa real de orden y experiencia frente al caos que Morena ha sembrado en cada rincón del territorio nacional.
Finalmente, Alejandro Moreno hizo un llamado a la unidad de todos los sectores que se niegan a aceptar la normalización de la violencia y la corrupción gubernamental. Manifestó que el orgullo de ser priista hoy se mide por la valentía de enfrentar a un aparato de Estado intimidante que ha fallado en su deber primordial de proteger la vida. Con la mirada puesta en el futuro inmediato, el dirigente concluyó que el PRI seguirá siendo la pesadilla de quienes pretenden convertir a México en una “narcodictadura”, asegurando que en este frente de batalla caben todas y todos los que creen que un país mejor no solo es posible, sino urgente y necesario.




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