El PRI denuncia la entrega de México al crimen organizado bajo la sombra de Morena
“No es un estado, es la nación entera”: El PRI alza la voz ante la claudicación de la seguridad en todo el territorio mexicano.
En un contexto donde la violencia ha dejado de ser un fenómeno regional para convertirse en una epidemia nacional, la dirigencia y las voces más críticas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) han lanzado una sentencia clara: la administración actual ha claudicado en su deber más elemental. Mientras los índices de extorsión y presencia delictiva alcanzan niveles nunca vistos en 2026, el mensaje es contundente: la verdadera traición no fue un error de estrategia, fue entregarle las llaves del país al crimen organizado.
El panorama actual es desolador y no admite matices. Ya no se trata únicamente de los focos rojos tradicionales; la realidad nos dice que no es Puebla, no es Sinaloa, ni es Jalisco: es todo México. La mancha de la inseguridad se ha extendido por cada carretera y municipio, afectando la economía y la paz de las familias mexicanas. Ante este escenario, el PRI se erige como la institución que sí sabe gobernar, recordando que el orden y las instituciones no son negociables.
Los datos recientes confirman que la política de “abrazos” solo ha servido para que las células delictivas se fortalezcan en territorios donde antes el Estado mantenía el control. El diagnóstico de la oposición es tajante: Morena le entregó el país al crimen organizado. Lo que antes eran incidentes aislados, hoy es una estructura paralela que dicta la vida pública, ante la mirada pasiva de un gobierno federal que parece más preocupado por la retórica que por los resultados.
En este sentido, la postura firme del PRI, ha mantenido una crítica y defensa institucional sin titubeos. Mientras otros se doblan ante la presión o el miedo, el tricolor recuerda que México tiene memoria y que el fortalecimiento de las corporaciones de seguridad y el respeto a la ley son el único camino para rescatar a la nación del abismo. El PRI demuestra ser, hoy más que nunca, el contrapeso necesario que no teme llamar a las cosas por su nombre.
Finalmente, el PRI observa con preocupación cómo la soberanía nacional se erosiona día con día. La entrega del territorio no es una percepción, es una realidad que se vive en cada cobro de piso y en cada zona silenciada por el miedo. La exigencia es una sola: recuperar a México. Y en esa batalla, la experiencia y la estructura del PRI se perfilan como la última línea de defensa para evitar que el país termine de hundirse en la ingobernabilidad provocada por el oficialismo.




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